
Un presunto acuerdo entre directores técnicos del Grupo B dejó sin posibilidad de clasificar al conjunto de Cuicatlán, ante el silencio y la complacencia del comité organizador.
Lo que debía ser una fiesta deportiva para el fútbol amateur se ha transformado en un episodio de indignación y opacidad.
La fase estatal de la Copa Telmex 2026 se encuentra bajo el ojo del huracán tras registrarse severas irregularidades en la definición del Grupo B, afectando de manera directa al representativo de Cuicatlán, equipo que quedó marginado del certamen no por su desempeño en la cancha, sino por maniobras extraportivas.
El rendimiento sobre el terreno de juego respaldaba las aspiraciones del conjunto cuicateco.
En su debut en la contienda estatal, mostraron solvencia ofensiva al imponerse con un categórico 4-1, a pesar de caer en su segundo compromiso por un ajustado 2-1, el panorama permanecía abierto y favorable: su pase a la siguiente ronda dependía del último partido de la primera fase, donde debían medirse ante el rival colero del sector, escuadra que no registraba puntos en la tabla.
Sin embargo, la definición nunca llegó a disputarse con el balón rodando, ante la inminente posibilidad de que Cuicatlán consiguiera los puntos necesarios para sellar su boleto, los cuerpos técnicos de los otros equipos del Grupo B pactaron no disputar el encuentro restante de la jornada.
Esta omisión bloqueó de tajo cualquier oportunidad de competir para la escuadra de Cuicatlán, acomodando la tabla general para beneficiar a los equipos señalados por la afición como los “favoritos” de la logística local.
Más allá de la maniobra, la mayor crítica recae sobre el comité organizador de la etapa estatal, pues pese a las evidencias del atentado contra el fair play, la directiva del torneo ha preferido hacer la “vista gorda”, avalando por omisión un resultado que vulnera el reglamento y la esencia de la competencia.
Detrás de la participación de un equipo en esta instancia existe un despliegue que va mucho más allá de lo táctico, semanas de preparación física, sacrificios personales, así como inversiones económicas por parte de jugadores, cuerpo técnico y familias para cubrir traslados, hospedaje y uniformes, fueron tirados a la basura por la falta de rigor administrativo y la falta de ética deportiva.
La edición 2026 de la Copa Telmex deja, por ahora, un amargo antecedente donde la especulación de escritorio pesó más que el esfuerzo sobre la cancha.




